Lenguaje y mundo: tras la muerte de Aristóteles (VI)
Domingo, 28 de Febrero de 2010
Alejandro Magno (356 - 323 a. C.)
Tras la muerte de Platón, Aristóteles y Alejandro Magno el mundo cambió y la filosofía, como no podía ser de otra manera, también. La ciudad-estado libre e independiente dejó de existir. Con el reinado de Alejandro y sus sucesores, la libertad e independecia de las ciudades solo era nominal y dependía de la benevolencia del soberano reinante. Comienza la era helenística, y no helénica -porque se traspasaron las fronteras vernáculas de lo heleno-. Se hablaba de Imperio y no de Ciudad.
Para Platón y Aristóteles era inconcebible un hombre sin la Ciudad y su vida ciudadana. Cuando la Ciudad quedó englobada en un conjunto cosmopolita más dilatado ocurrieron dos hechos inevitables: 1) nació la filosofía universalista y cosmopolita. Se habla de ciudadanía universal. Esto es lo que defienden corrientes como el estoicismo. 2) también nace una respuesta a este universalismo imperante; el individualismo extremo. Como máximo representante de esta corriente tenemos a Epicuro y sus discípulos.
Con ambas corrientes, la filosofía, más que en la Ciudad, se centra en el individuo y en la forma posible y plausible de orientación vital que dejaba la nueva situación política y territorial. Las filosofía se torna práctica y ética. La física y la metafísica quedaban tanto en el epicureismo como en el estoicismo en segundo plano, como simple base de preparación para la ética. Por ello, estas corrientes no elaboraron nada nuevo en lo relativo a la metafísica, sino que tomaron lo que ya había. De hecho, si volvieron hacia algún lado fue hacia los presocráticos; el estoicismo a la física de Heráclito, mientas que los epicureistas recuperaron el atomismo de Demócrito. Mientras que en la ética, aún dejándose influir mucho por escuelas como la hedonista-cirenaica en el caso de los epicureistas y de la cínica en el caso de los estoicos, sí que fueron corrientes innovadoras. Este hecho quedó aún más subrayado con la llegada del Imperio Romano, cuyos pensadores, acordes a la mentalidad pragmática romana, no eran especulativos sino prácticos. Este giro que más que intentar explicar las raíces de la Virtud lo que hace es mostrarla y aconsejarla, es el mayor cambio experimentado por las corrientes postaristotélicas.
En el plano de la reflexión del lenguaje y el mundo veremos como ésta, como no podía ser de otra manera, se ciñe más a explicar modelos de Vida y Virtud que a explicar los porqués del mundo. Esta evolución trataremos de aclararla a medida que vamos exponiendo los diferente autores y corrientes, siempre remarcando la diferencia, aún patente, entre estos pensadores «prácticos» griegos que nunca rehuían de la especulación como tal y los romanos que se centraban, sobre todo y ante todo, en el ejemplo práctico.




