Lenguaje y mundo: Aristóteles y el Principio de No-Contradicción 1 (V)

Anaxágoras (500-428 a. C.)

Como hemos visto, el tratamiento del ser en Parménides, su ontología, nos metía en un gran problema. Lenguaje y mundo chocaban de tal manera que la verdad y la mentira eran los mismo, o lo que es igual, eran inexistentes. Esto es debido a que Parménides, tenía una consideración genérica del ser;  para él, lo que no-es no se puede ni pensar ni decir; entonces, ¿cómo puedo yo afirmar cosas tales como «tres metros de verde»? Es algo evidente que esto no-es, sin embargo, entonces en Parménides hay un problema, cuya solución lógico-filosófica es muy complicada. Y más uniendo ésto al «todo fluye» de Heráclito. Ya hemos visto las diferentes respuestas anteriores a Aristóteles que no resolvían el problema. Recojamos, las, quizás, dos más conseguidas. Anaxágoras y Platón:

Anaxágoras y su holismo. Éste habla de homeomerías. Las mezclas de estos elementos dan lugar a los diferentes objetos (p.ej. el hombre). Mezclas que se dan entre géneros-predicados. Pero si no hay un sujeto determinado para poder escoger entre unas homeomerías u otras, toda elección será puro azar; sin este referente que elija los predicados no se pueden decir de algo concreto, puedo decir todo de todo. Se mantiene el problema.

Platón, como hemos visto, lo intenta de manera brilante. Hace una jugada maestra de «escape», la que deja, además, muy marcada a su discípulo más aventajado, Aristóteles, pero no termina de ejecutar el «jaque mate». Tiene que ser en el Sofista cuando Platón se atreva a cometer parricidio con Parménides, abandonando a su habitual interlocutor, Sócrates, tal tarea y dejando paso al Extranjero de Elea (precisamente). Platón afirma que el no-ser en cierta manera es. Las cosas son y al mismo tiempo no-son otras y por eso son eso y no otra cosa. Es necesario para preservar la identidad del sujeto. El problema, la jugada que marca pero no ve Platón es la siguiente: introduce al no-ser como género. No es algo relativo a algo, sino que lo considera por sí y en sí, es decir, una Idea. El problema por el que no tumba a Parménides es que para Platón solo hay predicados. No hay un sujeto o entidad última del que se digan las demás cosas. Así no puede cazar al sofista. Éste puede argumentar que si un sujeto cambia [de géneros] ya no se trata del mismo sujeto. Para Platón el sujeto por supuesto que puede aguantar cambios pero no puede salir de este problema sofístico. Se tiene que poder diferenciar, para salir, sujeto y predicado. Hay que pensar el no-ser en sí mismo y no como un género.

Antes de empezar con el argumento aristotélico, les recomiendo que echen un vistazo al libro IV de su Metafísica, si es posible de la editorial Gredos. El propio genio de Estagira explica esto mucho mejor que yo.

Para empezar a combatir al sofista Aristóteles afirma que éste tiene que aceptar dos de sus puntos pues si no, no habría posible combate:

1) No se necesita decir algo de algo (que algo es o no es (S es P)) sino que diga algo (S) que tenga significado para él y para el otro. Y tiene que tener significado lo que diga porque tiene que ser un algo determinado, pues si no, no diríamos nada realmente ni para él ni para el otro. Sería un loco. Y si un individuo no tiene nada que decir (ya hemos dicho que decir tiene que tener significado, pues el logos semántico tiene que tenerlo, y nos basta con decir algo para que sea significativo, y si abrimos la boca y emitimos un sonido sin significado, no es decir) es un vegetal.

2) Además para que el decir sea tal, aparte de significar, la significación no puede ser infinita, pues no podríamos decir [hablar]. Puede tener muchos significado ese algo, pero no infinitos.

El que admite estos dos puntos, está admitiendo el Principio de No-Contradicción (PNC a partir de ahora), por el simple hecho de admitirlos; ¿por qué?

Si admites que decir algo es decir algo significativo estas admitiendo implícitamente el PNC.

Hablar es decir algo de algo y por tanto, si algo (P) tiene un significado, en un decir P de S no puede P significar una cosa y su contraria. Es decir, no es posible en el mismo hecho decir, que al mismo tiempo estemos diciendo, por ejemplo, hombre y no-hombre. Aunque de S se pueden decir muchas P –que no infinitas, como ya hemos dicho y pre-admitido- no quiere decir que esas P tengan un mismo significado; no pueden, de hecho. Si algo es S’, es un P’ (llamémosles S’ y P’ para aclararnos). Es imposible que S’ no sea P’ y que algo sea S’ y no-S’. Además, no pueden ser verdaderas a la vez las afirmaciones de S’ es P’ y S’ es no-P’. Por tanto, en el acto del decir está implícito el PNC.

Debido a esta implicitud, este principio, el primero de todos, no se puede demostrar. Intentar demostrarlo sería caer en un proceso al infinito, por tanto no habría demostración; sería digno de un estúpido tratar de demostrarlo. Se da y punto. Está implícito en la estructura misma de nuestro decir; somos incapaces de decir S es P y no-P a la vez y en el mismo sentido; en nosotros opera el PNC. Éste es axiomático.

Lo que podemos hacer es refutar a quien lo intente negar. Como ya hemos dicho, en el simple acto de formular una objeción, en el simple acto de abrir la boca y de decir algo con sentido, ya está admitiendo, muy a pesar del sofista, el PNC.

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