Lenguaje y mundo: Heráclito (III)

Heráclito de Éfeso (535 a.C - 484 a. C.)
¿Cómo es posible el lenguaje y que éste sea verdadero si las cosas cambian constantemente? ¿Cómo es posible el cambio si hay únicamente verdades inmutables? Para responder a estas dos preguntas tendrán que contestar a: ¿Qué son las cosas? ¿Qué es el ser? ¿Qué es el no-ser?
Está es la disyuntiva, el contexto filosófico, en el que se encuadra Platón, y sus enemigos, los sofistas. Y esto es lo que intenta responder. Sin embargo, los sofistas no se dejan “pescar” -metáfora, la de la pesca, que entenderemos leyendo El Sofista- porque, usan a su antojo, estirando hasta las últimas consecuencias, las filosofías de dos genios, Parménides, del que hablamos el pasado artículo, y Heráclito.
Para Parménides el ser es y el no-ser no es. Esta es la respuesta de Parménides que va a dejar resuelto el problema del juicio ya que sólo es el Ser y por tanto nuestro lenguaje hace alusión directa a éste. Dicho planteamiento nos sitúa en una realidad completamente aprehensible, alcanzable y estrechamente relacionada con el pensar porque lo mismo es ser y pensar. Aquello que nosotros pensamos, eso es y es verdadero. Pero entonces, ¿cómo se producen los cambios? ¿Cómo hay cosas que son y dejan de ser o viceversa?. Parménides da una respuesta clara: los cambios son meros nombres aparentes pero no realidades. El ser, en Parménides es eterno, único, inmutable, homogéneo como una esfera donde no hay ni más ni menos sino que es dado todo desde el principio.
Como ven, esto, para un político, para un sofista, es abrir la veda, ya que hablamos de pesca. Cualquier cosa que diga es lo mismo, pertenece al Ser, a la existencia, y si dice a continuación su contraria, no importa, los cambios son mera apariencia. Ahora entendemos perfectamente el contexto político de Platón, sabemos bien de qué habla, nosotros vivimos en la telepolítica. No hay imagen porque todo es imagen.
Pero para liarla aún más llega la filosofía contraria, la filosofía del “todo fluye”, del cambio constante; Heráclito.
Para Heráclito el mundo está en constante cambio, el ser es y el no-ser es y es necesario que sea. “Es siempre uno y lo mismo en nosotros lo vivo y lo muerto, lo despierto y lo dormido, lo joven y lo anciano. Lo primero se transforma en lo segundo, y lo segundo en lo primero” (Frag. 88) Es decir, el ser de las cosas, o las cosas en su ser poseen necesariamente una cosa y su contraria al mismo tiempo, lo cual hace que podamos entender el cambio, el movimiento, el cómo de lo vivo pasamos a lo muerto, de los despierto a lo dormido. El origen de las cosas está en la lucha de los contrarios.
Sin embargo, un sofista, basándose en las propias filosofías de ambos autores, puede tomar partido por Parménides y decir que el cambio no existe y que todo lo que hay pertenece al Ser, o por Heráclito y afirmar que todo ser es no-ser, porque todo cambia, según la ocasión le convenga, convirtiéndose en un demagogo, en un embaucador peligroso. Pero entonces ¿Qué juicio será verdadero cuál falso? ¿Por qué hemos de elegir un juicio frente a otro?
Problemas muy graves que le llegan al maestro Platón. En el próximo artículo veremos cómo trata de resolverlos.
Etiquetas: Heráclito, Parménides, Platón, Sofistas, telepolítica
12 de Octubre de 2009 a las 10:13
[...] más) - Actualidad cultural: Por fin, el siglo XIX llega al Museo de El Prado (y más)- Filosofía y ensayo: una reflexión sobre la relación entre el lenguaje y el mu…- CieFi y Fantasía: Rec 2 y un spoiler - Informática y programación: 10 [...]