Lenguaje y mundo: Parménides (II)

Parménides (nacido entre el 530 y el 515 a. C. - la fecha de su muerte no se conoce)
Un profesor, lo más parecido al doctor House que he conocido, contó a sus alumnos, entre los que me incluyo, allá por primero de carrera, durante la primera clase en la universidad, que la filosofía como tal no empezaba, por mucho que se contara en la doxografía habitual, con Tales de Mileto, y menos aún, como intentaban otros más distinguidos, en Oriente, ni en Egipto, ni nada de eso. La filosofía como tal, la de Occidente, la única que existe realmente -por ejemplo si en la actualidad un hindú quiere hacer filosofía tiene que anclarse en la tradición occidental- nació con Parménides y su reflexión lógica sobre el ser. Lo anterior no era filosofía, sino la cosmogonía tradicional griega un poco más depurada –como bien demuestra Jean-Pierre Vernant en su obra-. Ni que decir tiene que cuando dijo eso, le miramos extrañados. Nuestra primera clase en la facultad y nos dice algo así. Ni que decir tiene que ningún otro profesor volvió a decirlo, y aún así, y a medida que pasa el tiempo, cada vez estoy más convencido de que tenía toda la razón.
La obra de Parménides de Elea que conservamos parece haber sido escrita entre 480 y 475 AC. Se trata de un poema filosófico en versos hexómetros de los que una buena parte ha llegado hasta nosotros. El poema consta de un proemio o introducción y de dos partes. La primera de éstas, la mejor conservada, trata de la “alétheia” o Verdad. La segunda versa sobre el parecer o la “doxa”.
Como veis, dividir el mundo entre Verdad y opinión es algo arraigado en la tradición griega que no nace de la chistera de Platón. Y esta división mucho tiene que ver con el lenguaje. Dice Parménides en su poema:
FRAGMENTO 6:
1. Necesario es decir e inteligir que lo ente es. Pues es ser
2. pero nada no es. Te intimo a que todo esto pienses.
3. Y primero de esta vía de indagación yo te aparto,
4. pero luego también de aquella por donde los mortales que nada saben
5. van errantes, bicéfalos: pues el desconcierto en sus
6. pechos dirige el errabundo noûs. Arrastrados,
7. sordos a a la vez que ciegos, estupefactos, masas indecisas
8. para quienes ser y no ser son lo mismo
9. y no lo mismo, y el sendero de todo es revertiente.
Vía de la Verdad.
FRAGMENTO 2:
1. Pues bien, yo te diré -cuida tu de la palabra escuchada-
2. las únicas vías de indagación que se echan de ver.
3. La primera, que es y que no es posible no ser,
4. de persuasión es sendero (pues a la verdad sigue).
5. La otra, que no es y que es necesario no ser,
6. un sendero, te digo, enteramente impracticable.
7. Pues no conocerías lo no ente (no es hacedero)
8. ni decirlo podrías en palabras.
FRAGMENTO 3:
1. …pues lo mismo es inteligir y ser.
Como se ve en estos textos, el lenguaje y la Verdad están íntimamente ligados, pero no solo eso, sino que el ser, el mundo, es hacedero, y se conocerá a través de la palabras, o lo que es lo mismo, “Pues no conocerías lo no ente (no es hacedero), ni decirlo podrías en palabras”. Lo no-ente, lo que no-es ni siquiera es inteligible porque no es decible. No se puede decir la nada, de hecho no se puede, para Parménides, ni pensar.
Porque para el eléata, el ser forma una especie de súper-conjunto que engloba todo lo que es; lo que se puede decir, pensar, inteligir, afirmar, conocer, negar, lo que existe, es decir, lo que es.
En el próximo artículo dedicado al tratamiento del lenguaje que hacían los sofistas, veremos como la obra del filósofo Parménides fue pescada por los sofistas para destruir la filosofía, destruyendo el lenguaje, y el sentido de las cosas, para conseguir sus fines políticos. Sin duda la consecuencias de la obra de Parménides son lo más interesante de la obra del filófoso de Elea. Y después como Platón intenta, en el Sofista, practicar la pesca con caña y pescar al sofista. Parménides, un maestro, cuya obra, al afirmar que el ser es lo único existente, da pie al sofista a afirmar que todo lo que se dice es verdad, o lo que es lo mismo, que todo es mentira. Por ello Platón debe matar al maestro, pero eso será y debe ser otro día.
Etiquetas: Jean-Pierre Vernant, Parménides, Platón, Sofistas, Tales de Mileto
13 de Diciembre de 2009 a las 18:53
[...] Como hemos visto, el tratamiento del ser en Parménides, su ontología, nos metía en un gran proble…Lenguaje y mundo chocaban de tal manera que la verdad y la mentira eran los mismo, o lo que es igual, eran inexistentes. Esto es debido a que Parménides, tenía una consideración genérica del ser; para él, lo que no-es no se puede ni pensar ni decir; entonces, ¿cómo puedo yo afirmar cosas tales como «tres metros de verde»? Es algo evidente que esto no-es, sin embargo, entonces en Parménides hay un problema, cuya solución lógico-filosófica es muy complicada. Y más uniendo ésto al «todo fluye» de Heráclito. Ya hemos visto las diferentes respuestas anteriores a Aristóteles que no resolvían el problema. Recojamos, las, quizás, dos más conseguidas. Anaxágoras y Platón: [...]