Lenguaje y mundo: Platón y el ‘Sofista’ (IV)

Platón (427 a.C. - 347 a.C.)
«Extranjero de Elea: Pues, según parece, la contraposición de la naturaleza de una parte de lo otro y de la del ser, mutuamente enfrentadas, no es menos ser, si es lícito decirlo, que el mismo ser, pues no significa lo contrario del ser, sino solo lo otro que aquél.
Teeteto: Evidentísimo.»
(Platón, Sofista, 258b5)
«Extranjero de Elea: (…) lo otro participa del ser y existe debido a tal participación, pero no es aquello de que participa sino otro, y siendo otro que el ser, existe con toda certeza y por fuerza como no ser; y, por el contrario, el ser, al participar de lo otro, será otro respecto de las otras especies, y siendo otro que todas ellas, no es ni cada una de ellas, ni todas las demás, excepto él mismo; de manera que el ser, de modo indudable, no es millares y millares de veces, y los otros, tanto individualmente como en su conjunto, son de muchas maneras y de muchas maneras no son.»
(ib, 259a8-259b5)
Así es como Platón trata de cazar al sofista y dar fin al uso -abuso- que de Parménides habían hecho para poder decir una cosa y su contraria y afirmar que ambas son verdad. Tiene que ser el personaje de el Extranjero de Elea el que logra “matar” al maestro Parménides, ya que el interlocutor principal de casi todos los diálogos platónicos, Sócrates, no se atrevía.
Para cazar al sofista, Platón ha tenido que desmostrar la existencia tanto del ser como del no-ser y, cómo no, la existencia real de la mentira.
«Extranjero de Elea: ¿Y qué más? Pensamientos, opiniones e imaginaciones, ¿es que no es evidente que de todas estas clases surgen en nuestras almas tanto mentirosos como verdaderos?».
(ib, 263d5)
Frase resumen, de como Platón muestra la posibilidad de que haya un discurso falso, de cómo el lenguaje puede ser o no ser, pero existir al fin y al cabo. Para Platón el discurso es pensamiento, y si Parménides había cerrado la posibilidad de poder pensar ni siquiera en algo que no-sea (es decir, falso), y Heráclito en algo que sea (es decir, verdadero), Platón, en boca del Extranjero demuestra que sí hay un discurso falso y opinión mentirosa.
El ser y el todo son lo uno y lo otro. Entonces, ni es unidad, ni multiplicidad, ni está inmóvil ni eternamente móvil. Un enunciado, para producirse, debe tomar partido del ser, pero, a la vez, negar que sea otro ser -no-ser-. Si se afirma que algo está en movimiento presuponemos o intuimos el concepto de quietud. Si decimos que es uno intuimos el concepto de multiplicidad. Y viceversa.
“El no ser, en cierto modo, es, y por el contrario, que el ser no existe en cierta manera“.
(ib, 241d5)
Si el golpe asestado por Platón a los sofismas habituales de sus políticos contemporáneos parece definitivo, fue con Aristóteles y con su prodigiosa invención de la lógica de enunciados cuando la filosofía asestó el golpe de gracia a la sofística. ¿O no?
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