Me he pegado una maratoniana sesión con las andanzas del Potro Italiano. Estas han sido mis impresiones al reencontrarme con el mito.
Rocky:
La primera película de la saga, a pesar de su ajustado presupuesto y de haber sido rodada en menos de un mes, contó con tres Oscars de la Academia, entre ellos el de mejor película. También se llevó el galardón a la mejor dirección, aunque el trabajo de Avildsen no pasó de mediocre y el de montaje tampoco fue nada del otro jueves. Los auténticos puntos fuertes de la película son ambos mérito de Stallone: el guión y su interpretación del Potro Italiano. Aunque las sucesivas entregas de la saga puedan haber nublado esta percepción, “Rocky” no es una película de acción sino un drama. Stallone interpreta a un tarado en busca del sueño americano, algo parecido a “Forrest Gump” o a cualquier peli de Sean Penn, pero con el mundo del boxeo como telón de fondo.
Desconozco si será la primera en mostrarla (imagino que no), pero “Rocky” llevó a lo más alto la “secuencia de superación”, esa en la que el protagonista entrena a tope para superarse a sí mismo. La mítica escena de las escaleras a ritmo de la inmortal canción de Bill Conti, podría contarse entre las 10 secuencias más significativas de la historia del cine. Como curiosidad, dicha secuencia fue la primera que hizo uso de una steadycam.
Rocky II:
Stallone fue consciente de que el gran éxito de Rocky radicaba en el drama humano que planteaba y trató en esta segunda parte de transitar por la misma ruta, aunque el resultado fue significativamente más cansino que el de su predecesora. Hay que reconocerle que su labor tras la cámara (ya no solo guionizaba) fue digna.
¿Y que tenemos en “Rocky II” que la haga especial? En mi opinión su mejor valor es el de importar del cine chino de artes marciales el concepto que he dado en bautizar como “el entrenamiento gilipollas”. Consiste en utilizar algún tipo de treta absurda para acelerar y mejorar el proceso de entrenamiento llevado a cabo en la “escena de superación”. Para que quede claro el concepto, el máximo exponente del entrenamiento gilipollas fue el retratado en Karate Kid con el famoso “dar cera, pulir cera”, donde el maestro Millagui obligaba a su pupilo a pintarle el pareado y conseguía convertirle así en un excelente luchador. En Rocky II vemos como su entrenador pone al Potro Italiano a correr detrás de una gallina para conseguir que venza al hipervitaminado Apollo Creed.
Rocky III:
La tercera entrega es ante todo un recordatorio de que estamos de lleno en los 80´s. Stallone abandona la línea continuista de la anterior entrega y reinventa la saga llevándola hacia el género de acción. Si en las dos primeras partes no había un solo combate hasta el final (y de no mucho más de 5 minutos), en esta asistimos a un desfile de mamporros durante toda su primera media hora. Y por si esto fuera poco, los mamporros son con Hulk Hogan, la veterana estrella de la Lucha Libre espectáculo. Si alguna duda nos queda sobre el género de ésta tercera entrega, el malo malísimo no es otro que el entrañable Mr. T.
Por arte de magia Rocky ha dejado de estar sonado y se comporta como un mascachapas promedio y Adrianna se ha convertido en una gran dama.
En el “entrenamiento gilipollas”, Balboa cambia su gimnasio por una cochiquera en el gheto en el que entrenó su anterior rival, Apollo Creed, junto al que comparte una secuencia de abrazos salpicándose agua en el mar al estilo Evony & Ibory que haría que Guardiola y Ricky Martin les retirasen el saludo por resultar demasiado afeminados.
Sin duda lo mejor de la peli es el tema original que Survivor compuso e interpretó a petición de Stallone, quien en un principio quiso comprar los derechos de “Another One Bites the Dust” de Queen.
Rocky IV:
En plena guerra fría entre las dos superpotencias sobrehormonadas del cine de acción de la época, Swarzenneger y Stallone, nos llega esta quinta entrega que sirvió como trampolín para el que se convertiría en otro héroe del cine de acción de la época, Dolph Lungren (aunque este se dejaba ver más por las estanterías de los videoclubs que por las salas de proyecciones). En Rocky IV repiten los Survivor y tenemos también una secuencia de “entrenamiento gilipollas” en la que Balboa, por alguna inexplicable razón, decide prescindir de las cintas andadoras y las mancuernas en sus entrenamientos, y les pide a sus anfitriones rusos un triste granero en el que entrenar haciendo uso de rocas, leños y cadenas en una suerte de gimnasio vintage.
Lo más destacado de la película es el personaje interpretado por Lungren, el ruso Ivan Drago, posiblemente el rival más carismático de las seis entregas. Lo segundo más destacado, sería el robot-prostituta que le regalan a Polly. Encaja de manera tan tosca en el argumento que incluso hay una secuencia, mientras Apollo les cuenta a sus amigos que va a pelear contra el ruso, en la que el robot interviene con un discurso estúpido y fuera de lugar y al veterano boxeador solo le falta entonar un “What the fuck?” con los labios. Parece una secuencia sacada de “Aterriza como puedas”. Lo tercero más destacado es un descubrimiento sobrecogedor. Adrianna es una mala puta que ni confía ni ha confiado nunca en su marido. Hasta que no he visto todas las pelis del tirón no me había dado cuenta de que siempre empieza a ver los combates de su marido con una mezcla de decepción y hastío. Sí, cuando finalmente Rocky gana el combate es la primera en subirse a abrazarle, pero antes siempre está agachando la cabeza como si dijese “puto perdedor, otra noche decepcionante…”. Adrianna, hija de puta, ¡jamás has apoyado a tu marido en nada! Dale un voto de confianza, ¡hostia ya!, deja de decirle que no a todo, cojones…
Rocky V:
Unánimemente elegida por los fans como la peor de la serie, supone la vuelta de Avildsen a la dirección. La verdad es que tengo la sensación de que ha ganado con los años, y seguramente es la que tiene unas secuencias de acción mejor coreografiadas. Todas las partes en las que sale el hijo de Rocky apestan, especialmente cuando lleva ese asqueroso pendiente péndulo, aunque el niño protagoniza otro soberbio momento “¿Pero qué cojones?” cuando su padre se pone a mirar entre los dibujos del chico y encuentra una preciosa ilustración de una prostituta desnuda con unos pechos grotescamente grandes. Cuando Rocky le pregunta al chaval qué es eso, éste le responde que se trata de una de sus profesoras (WTF?). Impagable el peinado de Tommy Gunn.
Rocky Balboa (Rocky VI):
Tras el primer Rocky, seguramente sea este epílogo lo mejor de la saga. Rocky VI no es una peli más. Es un enternecedor homenaje a toda la saga y sus fans y uno de los mejores trabajos de Stallone a nivel interpretativo (aun con las limitaciones que impone el botox a su expresión), literario y de realización. A pesar de lo rocambolesco que resulta el hecho de que un jubilado pueda enfrentarse al campeón del mundo de los pesos pesados, el personaje de Rocky nunca había sido tan humano y lleno de matices. Todos los personajes reciben las últimas líneas que merecen (especialmente Adrianna). Imprescindible.










