Craso error. Todos los que pensabais que un servidor era demasiado heterosexual como para picar con el Guitar Hero habéis herrado de pleno.
Anoche mismo me hice con mi copia del Aerosmith a 39 € en Mediamark (si tienes Wii o PS3 lo encuentras por 29 en el Saturn). No sé que terrorífico vudú habrán utilizado, porque la cosa es poco más que un Simon dice en una guitarrita de plástico de feria de pueblo, pero he de reconocer que para un músico frustrado como yo que no llegó más lejos del Peter Gunn theme al bajo, la experiencia de sentir algo parecido a tocar un instrumento ha sido cojonuda.
Otros juegos como el Rock Band tratan de llevar esa misma experiencia a distintos instrumentos, pero me pregunto para cuando sacarán un interface capaz de hacernos sentir en la piel de algún artista ajeno al género musical. ¿Para cuando un periférico capaz de hacernos vibrar ante el gozo de componer un verso alejandrino?
Cada vez que escucho hablar de “marketing viral”, imagino a un grupo de publicitarios frotándose las manos porque algún blogger con sobrepeso les va a hacer el trabajo sucio. Pero lo cierto es que cuando está hecho con tan buen gusto como el último video rodado a mayor gloria de “Watchmen”, no puede uno evitar morder el anzuelo y colgar el video de turno en su miserable pedacito de trascendencia.
En un mundo alternativo en el que los superhéroes han existido realmente, un edicto gubernamental condena a todos ellos al retiro, la clandestinidad o a servir como títeres del estado.
Uno de estos últimos, el Doctor Manhattan, es el protagonista del video.
La adaptación de la obra maestra de Moore y Gibbons se estrena el 6 de Marzo.
Ahí donde le veis, con sus libros que solo hemos leído cuatro gatos y sus predecibles problemas para llegar a fin de mes, Sergi Puertas es unos de los mejores escritores en lengua castellana del momento. Lo cierto es que el talento es un decimal insignificante y prescindible en la ecuación que conduce a la notoriedad, pero no me cabe duda de que llegará el día, cuando todos vosotros estéis a varios metros bajo tierra, en que alguna lumbrera dará a conocer a éste autor y desde la urna en la que la sociedad del futuro habrá decidido preservarme para la posteridad yo os señalaré con mi dedo biónico y gritaré: “¡Os lo dije!”.
“Cómo destruir ángeles” (Editorial Caoba, 2008) está todavía calentito en las estanterías de las librerías, pero no es para aleccionaros sobre sus textos para lo que estamos hoy, sino para hablar de su obra musical.
Si hubiera que definirla con tres palabras, estas serían: “rara de cojones”, lo que de entrada no es ni bueno ni malo. Sus ruiditos se mueven cercanos a la turbia frontera que divide el talento del timo, pero hay que reconocerle que su último tema “Everyone loves Mr. Eggman”, tiene la cualidad hipnótica propia de una fogata, las olas rompiendo contra las rocas, o dos guiris borrachos hostiándose a la salida de Pachá.
Que el presente blog comience con una reseña que tiene como protagonista a Mickey Rourke ha de ser tomado como una declaración de intenciones más que como algo casual. Rourke es una de las divinidades que habitan en lo alto de mi panteón de ídolos pop, y estas son cinco de las razones por las que ocupa dicho lugar:
1ª Porque lejos del estereotipo del muñeco roto, Rourke es un Madelman automutilado. Solo una minuciosa combinación de puñetazos, drogas y cirugía estética underground, es capaz de dar como resultado una imagen tan perfectamente fea. Para conseguir algo parecido deberíamos imaginar a una duquesa de Alba ciclada.
2ª Por sus méritos cinematográficos, que no son pocos. Empezando por su interpretación del Chico de la Moto que le dio fama en “La ley de la calle”, hasta este “The Wrestler” en el que vuelve a tomarse en serio a sí mismo.
3ª Porque haber interpretado a Bukowski y ser uno de los protas de su novela “Hollywood” es como caer de pie sobre un triple tanto de palabra.
Charles Bukowski y Mickey Rourke, cuando el primero no estaba muerto, y el segundo no lo parecía.
4ª Porque los perdedores molan, y tirar por la borda una fructífera carrera como súper estrella para ir a partirte la cara en cuadriláteros de mala muerte tiene su aquel.
5ª Porque ser invitado al “Sorpresa, sorpresa” tiene su punto si apareces sudoroso y terminas magreándole el culo a la Gemio.
Aunque no queda claro si en The Wrestler realiza una interpretación digna del Oscar para el que ha sido nominado o si se limita a pasear de un lado a otro siendo él mismo (y ojo, que nadie dice que esto sea fácil), Rourke llena la pantalla desde los primeros compases a pesar de cargar con el peso de una historia tremendamente sobada cuyo guión no guarda una sola sorpresa. Se van sucediendo los minutos y sabes perfectamente lo que ocurrirá a continuación. De hecho, el único giro inesperado que guarda es lo infantilmente previsible que resulta todo… y aun así funciona. Funciona de cojones. The Wrestler supone los 115 mejores minutos de cine del pasado año (bastante flojo por lo demás), el regreso triunfal de un mito cuya resurrección ya apuntaba maneras desde “Sin City” y “El Juramento”, y la vuelta al buen camino de un Aronofsky perdido en “La Fuente de la Vida” y que posiblemente nos dará una sorpresa bien gorda con la nueva versión de “Robocop” en la que está trabajando.