Recientemente Peter Moore, jerifalte visible de la compañía de videojuegos Electronic Arts, ha declarado que “el boxeo, tristemente, lo veo como el pasado. Las artes marciales mixtas lo veo como el futuro de la lucha” (y esto a pesar de la inminente salida del prometedor juego de boxeo Fight Night Round 4). Y lo cierto es que el visionario Moore no deja de tener razón. Si no te has enganchado ya a la UFC, puede deberse a dos razones:
a) No sabes lo que es la UFC
b) No has superado el detector de maricones que te proponíamos en la entrada dedicada a Watchmen.
La liga de lucha extrema UFC (Ultimate Fighting Championship) viene al mundo en el año 93 con la sana intención de dar respuesta a una pregunta que durante años ha mantenido al mundo sumido en la más amarga de las dudas: “¿Qué arte marcial es la más cañera repartiendo hostias?”. Estos primeros combates se regían únicamente por dos reglas: prohibido meter los dedos en los ojos y prohibido morder. Más allá de eso, ni siquiera el uso de guantillas era obligatorio (estas se utilizaban únicamente para proteger los nudillos, no la cara del adversario) y podíamos asistir a desternillantes combates sin tan siquiera categorías por pesos. Resultaba una auténtica delicia ver a un gigantesco luchador de 150 kilos samoano practicante de lucha libre partiéndose la cara con un punkie karateka (ni el videojuego más bizarramente ochentoso hubiese tramado algo así).
Desgraciadamente, el equivalente buenrollista yanqui de nuestro patrio socialismo impuso una serie de reglas que dulcificaban éste deporte. A saber: diferenciación de categorías por peso, nada de cabezazos ni golpes en los testículos, garganta o nuca, además de obligar el uso de guantillas.
A pesar de estas, sigue siendo altamente recomendable y relajante el visionado de estos animales haciéndose pulpa la cara.
Si además estáis interesados en las interioridades de éste espectáculo, no os podéis perder The smashing machine, el documental sobre el ascenso y caída de Mark Kerr: ultraviolencia, esteroides a cubos y corazones destrozados.
Y ahora os dejo con un video de la leyenda de las artes marciales mixtas, Bas Rutten, enseñandoos cómo hay que tratar a un yonki que se mete con tu madre o tu esposa en un bar de copas. Imaginaoslo con la musiquita de Benny Hill y partíos el ojete a mi salud.
Seguro que a vosotros también os han recomendado más de una vez Carnivale, pero me niego a engancharme a una serie cojonuda que haya quedado inconclusa (como una patada en los huevos tras un paseo por la campiña). Una suerte similar siguió Day Break, que nació como relleno entre temporadas de Lost, pero tras el sexto episodio, su escasa audiencia la dejó fuera de la parrilla. Aunque en este caso tampoco tuvimos un final feliz del todo, al menos la cosa no resultó tan anticlimax.
El personaje protagonista de la serie (el detective Brett Hopper), vive una experiencia muy similar a la de “Atrapado en el tiempo”: cada nuevo día es el mismo que el anterior. El problema es que el suyo es un día bastante más jodido que quedar atrapado por una nevada en medio de un pueblo de mierda. Alguien ha matado a su novia y a él le han cargado el muerto del asesinato del fiscal del distrito. Por si fuera poco, a diferencia de a Bill Murray, los balazos y golpes que el detective recibe los conserva al siguiente amanecer. Si Hopper palma, el juego termina.
El planteamiento de acción e intriga de la serie resultaba suficientemente populachero de salida, pero su desarrollo era extremadamente denso. Si te perdías alguno de los episodios, te quedabas descolgado, y seguramente esta fue la clave de su fracaso de audiencia. Yo fui viéndola a un ritmo de un capítulo diario y aun así me costaba seguir algunos aspectos de la trama (aunque desde luego el esfuerzo merece la pena).
Afortunadamente, a pesar de su cancelación, la ABC tenía rodados los 13 capítulos que componían la primera temporada y puso todos ellos a disposición de los espectadores a través de la red. El último capítulo deja abiertas algunas puertas para una posible continuación, pero incluye un final de la trama lo suficientemente satisfactorio como para acercarse a la serie sin la sensación de un inminente gatillazo.
Discovery Chanel, History Chanel y Canal Odisea han realizado una serie de documentales de formato muy similar. En ellos, uno o dos luchadores profesionales viajan por el mundo entrenando en distintas artes marciales, deportes de contacto, o técnicas de defensa personal. El del Canal Odisea, con Josette D. Normandeau como protagonista, es seguramente el mejor realizado pero también el más flojo. La auténtica chicha está en Arma Humana (History) y Maestros de Combate (Discovery). En el primero, son Jason Chambers, luchador profesional de la UFC (en unos cuantos post os cuento algo de esta liga de lucha extrema) y Bill Duff, jugador de fútbol americano, los encargados de entrenarse en las distintas técnicas para finalmente someterse al reto de hostiarse contra un maestro de la disciplina en cuestión. Las reglas, o ausencia de ellas, son las propias de cada estilo de lucha, y los mamporros, absolutamente reales.
El formato de Maestros de Combate es calcado aunque sus protagonistas resultan mucho más enrollados. Por un lado tenemos a Jimmy Smith, también luchador de la UFC y ex-profesor de matemáticas, quien siempre es enviado a entrenar a los gimnasios más modernos y cosmopolitas; por otro lado está Doug Anderson, veterano de la Guerra del Golfo y luchador aficionado de Nueva Jersey, quien siempre entrena con viejos maestros chiflados que viven en mitad del bosque.
Os dejo los enlaces a las listas de reproducción de ambas series en Youtube (empezad con el “Arma Humana” dedicada al Krav Maga), no sin antes advertiros que al contrario de lo que suele suceder y con el fin de que la cosa coja un tufillo surrealista a lo Hanna Barbera, es mejor ver ambas series dobladas al mejicano que en su versión original.
A las pocas horas de incluir en este blog una reseña en la que daba eco a los rumores que afirmaban que los Wachowski podrían estar tras una revisitación para la gran pantalla de Superman, recibí una llamada de Larry completamente histérico. Con la voz rota por los gallos que le producen los cambios hormonales de su transformación de hombre heterosexual a mujer lesbiana, me negó rotundamente que hubieran tenido una sola reunión con la Warner para hablar de este o cualquier otro particular.
En cualquier caso, el rumor no dejaba de tener sus visos de realidad ya que Superman es uno de esos proyectos que han estado rebotando de unas manos a otras durante años.
A la izquierda Larry, antes de su “cambio radical”.
El primero en su historia más reciente fue el paso de la versión de 1978 por las manos de un debutante Spielberg. Antes de darle definitivamente el proyecto, los productores quisieron esperar a ver como funcionaba en taquilla la peli de peces que se estaba currando (Tiburon). El caso es que la cosa funcionó demasiado bien y la cifra que el director exigió después de aquello resultó exorbitada. El proyecto quedó finalmente en manos de Richard Donner y fue rodado con una metodología bastante usual hoy en día pero no en aquella época, que consistía en filmar el material de dos películas al mismo tiempo. Así, gran parte de Superman II fue rodada antes del estreno de la primera parte. Tras este, Donner salió a hostias con los rumanos Salkind y la película cambió nuevamente de manos, cayendo esta vez sobre las de Richard Lester, que es quien firma la cinta a pesar de que parte del metraje le corresponde a Donner. Para los frikis con afán completista, recientemente se ha editado un nuevo montaje “según Donner” con material suyo que fue desechado en la versión definitiva.
El Superman de Burton hubiera sido muchas cosas menos heterosexual
Tras la cuarta entrega, el Hombre de Acero cayó en un limbo en el que vagó por diversas encarnaciones que nunca llegaron a materializarse. Posiblemente la más famosa (y una de las más estrambóticas) fue la que comenzó a gestarse en el año 94, tras comprarle la Warner a los Salkind los derechos del personaje. La película debía ser dirigida por Tim Burton, guionizada por Kevin Smith, y protagonizada por Nicholas Cage (glups!) en el papel de Superman y de Johnny Deep en el de de Lex Luthor (me parto). El argumento iba a ser una reinterpretación de la exitosa saga “La Muerte de Superman” (chiquillería, si no la conocéis, ha sido recientemente reeditada en un solo tomo). Pero las cosas digamos que… se torcieron. El propio Smith lo cuenta de una forma bastante cachonda:
Por ultimo, antes de la discutible versión de Bryan Singer (Superman Returns), J.J. Abrams y Brett Ratner estuvieron trabajando en una adaptación que al parecer hubiese estado llena de acción y en la que podíamos asistir a un combate entre Superman (dando hostias en el aire al estilo Matrix) y otros cinco Kryptonianos mientras unos cazas del ejército disparaban contra ellos misiles con cabezas armadas con Kryptonita.
Recientemente se ha podido ver una imagen del arte conceptual que el artista Phil Saunders creó para el proyecto, en el que vemos a Superman partiéndose la cara con un enorme robot.
Esta pelea no transcurría en Metrópolis sino en Gotham City y suponía el preludio de una continuación compartida entre Superman y Batman.
El caso es que el presupuesto subía a los 400 millones de pavos y fue finalmente Singer quien consiguió rodar su edulcorada versión.
Hasta ahora Juan Carlos Fresnadillo ha estado impecable. Al menos detrás de la cámara. Si “28 semanas después” e “Intacto” no llegaron a ser redondas, creo que fue más por unos guiones que no resultaban todo lo consistentes que sería deseable que por su labor en la realización.
Ahora, parece que ha recibido el encargo de sacar adelante el remake de la mejor película del mito de la serie BRoger Corman: “El hombre con rayos X en los ojos”.
Poco bueno puede salir del remake de una película que va sobrada sin necesidad de que la metan mano, pero no dudo que Fresnadillo vuelva a estar muy por encima de la media.
Os dejo con mi secuencia favorita de la versión original del 63 (nunca sabrás lo que es fardar hasta que no seas capaz de bailar como Ray Milland):
Al volver de ver la película, no pude evitar descargarme el juego “Watchmen: The end is nigh”. No pasa de ser un Final Fight con gráficos molones que no os recomendaría de estar protagonizado por Batman y Robin, pero tratándose de Rorschach y el Buho Nocturno… joder, que llevaba 20 años esperando esto.
Solo se me ocurre una forma en que la adaptación al cine de Watchmen hubiese podido mejorar: multiplicando su duración por cuatro. El trabajo de Zack Snyder ha ido mucho más allá de la más optimista de mis pajas mentales. Un casting que no me terminaba de convencer y un trailer en el que lo épico primaba sobre lo decadente me hacían temer lo peor; pero Watchmen ha resultado ser un producto redondo que se mantiene todo lo fiel que es posible (en argumento, clima y estética) a un cómic ya de salida perfecto. Estoy convencido de que algún día se la reconocerá un lugar entre clásicos del género fantástico como Blade Runner.
Y aun más importante que todo esto, la preciosa sueca Malin Akerman es la criatura más sexy que han visto mis cansados ojos (mi agradecimiento también al Niño Jesús por haberla creado). Olvídate de dvdrip, si existe alguna razón que justifique el pago de una entrada en una sala de proyecciones digital, es poder ver a éste prodigio de la naturaleza enfundado en latex negro y amarillo a un tamaño de 12 metros de altura.
Finalmente, por si queda alguna duda sobre sí únicamente gustará a los lectores del tebeo, las dos veces que he ido a verla lo he hecho con gente que no lo conocía y todos ellos fliparon. Ahora, que igual eres un tonto del culo y a ti no te mola, que todo puede ser…
Con todos ustedes, el detector humano de maricones
Enternecedoras las melodías del grupo japo YMCK, que hacen de la limitación de los 8 bits que sufríamos en los videojuegos de los 80´s su seña de identidad, pero recomendables sobre todo sus videoclips con píxels del tamaño de las orejas de Nicolas Cage.
Tampoco olviden pasarse a visitar la nueva criatura de John Tones gracias a la que he conocido a los freaks estos.
Después del salto, otro par de videos.