Consciente de que no sabes muy bien que hacer con tu vida, te propongo una maratón de cine de vampiros. Está diseñado para verte una de lunes a viernes o un intensivo el fin de semana.
Y empezamos con…
JOVENES OCULTOS.
Batiburrillo de géneros muy habitual a finales de los 80´s en el que destacan la comedia adolescente y el horror. Numerosas caras conocidas del cine de la época entre las que resplandece con luz propia la del agente Jack Bahuer en el papel que le lanzó a la fama (aunque ya había hecho alguna otra cosita antes). Como curiosidad, su hijo ha protagonizado la reciente y prescindible “Jóvenes Ocultos 2”.
EL ANSIA.
Derroche estético del videoclipero Tony Scott, por aquel entonces conocido como el hermano de Ridley hasta que este cayó en desgracia y pasó a ser conocido como el hermano de Tony. Destacan el trío protagonista: David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, y el tema principal (himno de toda una generación de góticos) “Bela Lugosi is dead” de Bauhaus.
THE ADDICTION.
Salí a tomarme una cerveza tranquilita y me encontré a Schopenhauer detrás de la barra. El género vampírico siempre ha sido dado a reflexiones más o menos sesudas, pero nunca de forma tan flagrante y pasada de vueltas como en esta película de Abel Ferrara. Estéticamente impecable, con un ritmo y ambiente sofocantes, la película contiene momentos magistrales como la intervención de Christopher Walken. Eso sí, si no te pilla sintonizado en la misma onda se te puede atragantar.
NOCHE DE MIEDO.
Mítica obra de arte ochentera, la historia plantea una revisitación de la fábula de “El niño que gritó Lobo”. Su director Tom Holland nunca ha vuelto a estar tan lúcido (aunque unos años más tarde pegó el pelotazo con “El muñeco diabólico”). La elección del cast fue perfecta, destacando la elegante interpretación de Roddy McDowall como cazador de vampiros. Soberbio también el score de Brad “Terminator” Fiedel.
BESOS DE VAMPIRO.
Película extraña que merodea por la zona de la comedia y cuyas principales virtudes son obra del guionista Joseph Minion, que escribió esta tras la genial “Jó, que noche” y del que nunca más se volvió a saber. Bellísima Jennifer Beals resucitada como vampira desde su fallecimiento en “Flashdance” (no volvió a salir del ataúd hasta “Caro diario”). Por una vez, todo el histrionismo y la sobreactuación habituales en Nicholas Cage están justificados. Perturbadora la secuencia en la que se come una cucaracha.
Se podría definir a “En terapia” como un culebrón de nueva generación. ¿Y en qué se diferencia esta versión 3.0 de la 2.0? Pues en que no está dirigida a subnormales. El referente más cercano con el que emparentaría a la serie sería son los dramas televisivo-teatrales de la BBC de finales de los 70 y principios de los 80.
La autoría de la adaptación de “En terapia” (el formato es original de un serial israelí que no he podido ver) corre a cargo de Rodrigo García (hijo de García Márquez). La pasta la pone Marky Mark ¿? y el peso interpretativo se reparte entre el soberbio Gabriel Byrne y los actores que dan vida a sus pacientes.
El apuesto productor
La serie se emite de lunes a viernes en capítulos de poco menos de media hora y en cada uno de ellos (salvo los viernes) el psicoanalista Paul Weston (Byrne) somete a terapia a un personaje. Los lunes le toca a una tipa enamorada de su terapeuta; los martes a un macho Alpha piloto estadounidense con una aparentemente sólida personalidad que empieza a hacer aguas; los miércoles acude a la consulta una adolescente autodestructiva y los jueves, terapia a una pareja cuyo matrimonio lleva tiempo en la planta de desahuciados. Por último, los viernes es el propio doctor Weston quien acude a recibir terapia.
Vale, así planteado no resulta muy sugerente. No hay tiroteos, ni intriga, ni viajes espacio-temporales, ni explosivos cliffhangers, pero precisamente ahí reside su magia, en un simple drama humano (ligeramente pasado de rosca) que te deja con unas tremendas ganas de más al final de cada sesión (y ojo, desde el primer capítulo).
Se dice tanto en tantos lados sobre el desaparecido Jackson que no quería añadir mi pegotito de mierda. Me ha hecho cambiar de idea la emisión la semana pasada del lamentable documental “Viviendo con Michael Jackson”. Lamentable por lo tendencioso del bodrio y por ese tufo a periodismo de investigación de todo a 100 sustentado en un lenguaje tan directo como infantiloide. Una perfecta creación de laboratorio destinada a encandilar a peluqueras de barrio.
Uno de mis ejemplos favorito es este:
MJ: Lo que más me gusta del mundo son las batallas con globos de agua.
Bashir: ¿Eso es lo que más te gusta del mundo? ¿Más que el sexo?
La mayor parte de las superestrellas pop no son más que experimentos de mercadotecnia. Madonna por poner un ejemplo, además de cantante, bailarina y show-woman, se vende a sí misma como una generadora de tendencias. En realidad Madonna, como magistralmente la definió una amiga, no ha sido nunca otra cosa más que un grillo cebollero. Un grillo cebollero que puso su coño peludo en el lugar adecuado en el momento justo.
Aquí Madonna, aquí su coño, aquí unos amigos
Michael ha sido galáctico desde antes de que se inventara el marketing. Tenía una voz prodigiosa, fue un bailarín al que imitaron y admiraron los mejores coreógrafos, tenía un sentido estético revolucionario (que desgraciadamente le sirvió de poco con su nariz y el resto de su cara) y ha sido uno de los mejores compositores de música pop de la historia.
Aun así “Viviendo con Michael Jackson” alcanzó de lleno la fibra sensible de ese selecto público compuesto por amas de casa y trabajadores de polígono industrial que gustan de señalar con el dedo al que es distinto a ellos o a los tipos con los que se codean a diario en el bar de la esquina. El mayor mérito del que han sido capaces es de replicar en al menos tres ocasiones consecutivas un ADN que debió escurrirse por la taza del vater y aun así se atreven a partirse el culo de una de las figuras más relevantes de la cultura del siglo XXI. Y es que “Viviendo con Michael Jackson” realiza revelaciones tan estremecedoras como que a Michael Jackson le gustaba subirse a los árboles, que se ponía fino, fino, que como muchos otros supermillonarios se dejaba una pasta en gilipolleces tirando a horteras, o que se había dejado una cara que muchos no querrían ni como culo.
Tras su estreno, Michael produjo un documental a modo de réplica en el que incluyó gran cantidad de grabaciones familiares y que en mi opinión resulta mucho más interesante. Aquí os dejo el primer corte, y tras el salto, el resto de fragmentos que componen el documental completo. El último se trata del “Viviendo con Michael Jackson” por si alguno tiene ganas de conocerlo de primera mano.