¿Por qué demonios ninguno de vosotros me había hablado de “El sirviente”? Uno llega a pensar que se le han terminado las buenas películas y va alternando tres o cuatro bodrios con un nuevo visionado de “Jo, que noche”. Sin ir más lejos el otro día me tragué 2012, que no vale una mierda más allá de la constatación al final de la película de que si el mundo se fuese a tomar por el culo, ZP, Sonsoles y las gemelas góticas sobrevivirían para repoblar el mundo.
Pues como os decía, el otro día di por casualidad con “El sirviente”, una pequeña joya de los años 60 dirigida por Joseph Foley, con un Dirk Bogarde construyendo un personaje que pasa automáticamente a mi lista de 5 super hits. La historia podría ser una mezcla malsana entre “El quimérico inquilino” de Polanski y la “Lolita” de Kubrick, pero sobre todo tiene esa capacidad hipnótica que solo se encuentra en las obras de iluminados como J. G. Ballard que hablan de una parte oscura del ser humano contando algo totalmente distinto. De hecho, mediante un vistazo superficial o una lectura de su sinopsis, “El sirviente” no es más que otra historia sobre la lucha de clases, pero más allá de eso lo que queda es un batiburrillo de sensaciones incómodas relacionadas con los mecanismos de dependencia que nos unen a unos seres humanos con otros, el sexo prohibido (en todas sus formas) y el deseo de acomodarse desprendiendonos de las riendas de nuestras vidas para dejarlas en manos de otros aunque esto signifique nuestra anulación como individuos.
Los que queráis echarle un vistazo pasaos por AQUÍ. El resto no sois bienvenidos en este dojo.
Ah, si creéis que se me ha olvidado ver alguna otra película, no dudéis en dejar vuestras recomendaciones en los mensajes de este mismo post.
Un negro que acude a un hospital keniata con una flecha clavada en la cabeza. No se puede explicar lo que va de siglo con menos palabras.
La agencia de noticias Reuters ha elaboradouna galería con las 100 imágenes que ellos consideran más representativas de la última década (desde un punto de vista fotoperiodístico). ¿Mi recomendación? Que os pongáis un disco de los Monkees y paséis un rato viéndolas.
He salido con muy buenas vibraciones de ver la nueva película de Richard Kelly (”Donnie Darko”). “La Caja” está basada en un relato corto (“Button, button”) del maestro del suspense Richard Matheson (“Soy Leyenda”) que ya fue anteriormente adaptado en un capítulo de “Twilight Zone”. La sinopsis que podréis leer en todas las reseñas es más o menos ésta: Un matrimonio recibe la visita de un extraño que les ofrece un millón de dólares si aprietan un enigmático botón en una caja, advirtiéndoles de que una persona en alguna parte del mundo morirá si lo hacen.
"No te fies de los de Telefónica: te dicen que no te van a cobrar el modem y luego te clavan 40 euros en la factura"
El relato de Matheson no iba mucho más allá de esto y el resto del argumento del film es una ida de hoya del propio Kelly sin mucho fuste. Pero al igual que sucedía con “Donnie Darko”, lo de menos es el argumento. De hecho, dos meses después de verla ni siquiera recordaba de qué iba, más allá de las vaguedades de la contraportada del dvd, aunque las perturbadoras imágenes del film siguen estando grabadas en mi cabeza (la inquietante interpretación de Jake Gyllenhaal, la fantasmal presencia del conejo Frank, la ambientación ochentena regada con el “Head over Hells” de “Tears for fears”…).
Hoy en día es imposible ir al cine sin que se siente al lado un mascachapas dando el coñazo
Dicho esto, si vas a ver “La Caja” pensando encontrar una trama brillante seguramente salgas escaldado. La historia es deliberadamente farragosa y confusa. Si te concentras mucho tratando de desvelar los misterios de la trama, seguramente te sientas frustrado. “La Caja” se disfruta poniendo el cerebro en piloto automático y permitiendo que sea el subconsciente quien tome las riendas; dejándote llevar por la ambientación opresiva, perdiéndote en el estampado del salón de la familia protagonista y recreándote en planos que si se analizan en exceso pueden resultar incluso cómicos, pero que si los aceptas tal y como vienen igual hasta los puedes reconocer de alguna de tus pesadillas.
Seguramente el principal handicap de la película haya sido su casting: Cameron Diaz está demasiado mayor para el papel que interpreta; su rostro gomoso y operado (me recordaba al de Yola Berrocal) resulta más desconcertante que el del personaje interpretado por el veterano Langella (al que le falta media cara) y su actuación resulta histriónica en el mejor de los casos. Marsden nos brinda el papel plano al que nos tiene acostumbrados, y si no fuera por la falta de visor y por las patillas, creeríamos estar viendo de nuevo al Cíclope de la Patrulla X.
Los hijos de puta de Rockstar lo volvieron a conseguir. Con una tonelada de títulos de la saga a sus espaldas, “La balada de Tony el Gay” viene a demostrar que la fórmula de Grand Theft Auto sigue fresca y con una pegada demoledora. Han conseguido una ciudad tan viva que uno tiene la sensación de formar parte de un sistema de juego en el que la meta ya no consiste en descubrir al asesino/ salvar a la princesa / hundir la megacorporación lo antes posible, sino en buscar actividades por la ciudad para alargar lo más posible la experiencia de juego y alejar todo lo que se pueda la secuencia de créditos final. En lugar de echarle horas para alcanzar un objetivo, las echamos tratando de mantenernos equidistantes al mismo. Una vez finalizado el juego, seguramente habremos pasado tanto tiempo bailando en la pista, saliendo a emborracharnos con los colegas y haciendo el cafre sin ningún objetivo por la ciudad, que siguiendo las misiones de la trama principal.
Luis y Tony de punta en blanco.
En “La balada de Tony el Gay” nos metemos en la piel de un portorriqueño que regenta junto a su socio homosexual dos de los clubs de moda de Liberty City. La historia está salpicada por el clásico conglomerado de referencias pulp que suelen inundar la franquicia, pero en este caso se hacen más evidentes de lo habitual las similitudes con “Atrapado por su pasado” de De Palma (a la que ya hizo numerosos guiños la saga en GTA3 Vice City). Al igual que el personaje que en su día interpretase Pacino, Luis López trata de mantenerse al margen de una vida de crimen que le hizo dar con sus huesos en la cárcel. Sus intentos de ganarse honradamente la vida como empresario se ven continuamente saboteados por sus antiguos colegas de tropelías y por su socio y amigo Tony, al que empieza a írsele la hoya a causa de las drogas y que sin ninguna experiencia en los bajos fondos se ha visto inmerso en un mundo de gansters.
El juego se puede adquirir online desde la plataforma Xbox Live, o en soporte físico acompañado del también imprescindible “Lost and Damned”.
Para quienes no tengáis una Xbox 360 (única plataforma desde donde se puede jugar), podéis echaros unas partidas al GTA Chinatown Wars para Nintendo DS (y muy pronto para PSP). La experiencia de juego no tiene nada que ver, pero resulta igualmente un pasatiempo más que recomendable.