En el E3 del 2007 (la feria de entretenimiento videojueguil más importante del mundo), nos enseñaron un video del título en desarrollo “UFC Undisputed”, y nos juraron por Snoopy que las imágenes eran in-game.
La cosa tenía ésta pinta:
Desde entonces, a fin de ahorrarme el sufrimiento derivado de la espera, he venido rezando secretamente por quedar cerebralmente incapacitado y despertar de una pieza el día en que saliese el juego. Mis peticiones solo se han visto cumplidas a medias pero ya tenemos la demo entre nosotros. He podido echarme unas partidas y es tremendamente adictivo, los gráficos están a la altura de lo que se espera de un juego de nueva generación y la jugabilidad, teniendo en cuenta la complejidad de un deporte en el que a diferencia del boxeo hay patadas y presas, es excelente. Y a pesar de ello, viendo como les ha quedado y lo que habían prometido, no puede uno evitar tener cierta sensación de coitus interruptus.
Juzguen ustedes mismos:
Quienes a pesar de la mierda del hype queráis echarle mano, lo podréis jugar a partir del 22 de éste mes.
Recientemente Peter Moore, jerifalte visible de la compañía de videojuegos Electronic Arts, ha declarado que “el boxeo, tristemente, lo veo como el pasado. Las artes marciales mixtas lo veo como el futuro de la lucha” (y esto a pesar de la inminente salida del prometedor juego de boxeo Fight Night Round 4). Y lo cierto es que el visionario Moore no deja de tener razón. Si no te has enganchado ya a la UFC, puede deberse a dos razones:
a) No sabes lo que es la UFC
b) No has superado el detector de maricones que te proponíamos en la entrada dedicada a Watchmen.
La liga de lucha extrema UFC (Ultimate Fighting Championship) viene al mundo en el año 93 con la sana intención de dar respuesta a una pregunta que durante años ha mantenido al mundo sumido en la más amarga de las dudas: “¿Qué arte marcial es la más cañera repartiendo hostias?”. Estos primeros combates se regían únicamente por dos reglas: prohibido meter los dedos en los ojos y prohibido morder. Más allá de eso, ni siquiera el uso de guantillas era obligatorio (estas se utilizaban únicamente para proteger los nudillos, no la cara del adversario) y podíamos asistir a desternillantes combates sin tan siquiera categorías por pesos. Resultaba una auténtica delicia ver a un gigantesco luchador de 150 kilos samoano practicante de lucha libre partiéndose la cara con un punkie karateka (ni el videojuego más bizarramente ochentoso hubiese tramado algo así).
Desgraciadamente, el equivalente buenrollista yanqui de nuestro patrio socialismo impuso una serie de reglas que dulcificaban éste deporte. A saber: diferenciación de categorías por peso, nada de cabezazos ni golpes en los testículos, garganta o nuca, además de obligar el uso de guantillas.
A pesar de estas, sigue siendo altamente recomendable y relajante el visionado de estos animales haciéndose pulpa la cara.
Si además estáis interesados en las interioridades de éste espectáculo, no os podéis perder The smashing machine, el documental sobre el ascenso y caída de Mark Kerr: ultraviolencia, esteroides a cubos y corazones destrozados.
Y ahora os dejo con un video de la leyenda de las artes marciales mixtas, Bas Rutten, enseñandoos cómo hay que tratar a un yonki que se mete con tu madre o tu esposa en un bar de copas. Imaginaoslo con la musiquita de Benny Hill y partíos el ojete a mi salud.
Discovery Chanel, History Chanel y Canal Odisea han realizado una serie de documentales de formato muy similar. En ellos, uno o dos luchadores profesionales viajan por el mundo entrenando en distintas artes marciales, deportes de contacto, o técnicas de defensa personal. El del Canal Odisea, con Josette D. Normandeau como protagonista, es seguramente el mejor realizado pero también el más flojo. La auténtica chicha está en Arma Humana (History) y Maestros de Combate (Discovery). En el primero, son Jason Chambers, luchador profesional de la UFC (en unos cuantos post os cuento algo de esta liga de lucha extrema) y Bill Duff, jugador de fútbol americano, los encargados de entrenarse en las distintas técnicas para finalmente someterse al reto de hostiarse contra un maestro de la disciplina en cuestión. Las reglas, o ausencia de ellas, son las propias de cada estilo de lucha, y los mamporros, absolutamente reales.
El formato de Maestros de Combate es calcado aunque sus protagonistas resultan mucho más enrollados. Por un lado tenemos a Jimmy Smith, también luchador de la UFC y ex-profesor de matemáticas, quien siempre es enviado a entrenar a los gimnasios más modernos y cosmopolitas; por otro lado está Doug Anderson, veterano de la Guerra del Golfo y luchador aficionado de Nueva Jersey, quien siempre entrena con viejos maestros chiflados que viven en mitad del bosque.
Os dejo los enlaces a las listas de reproducción de ambas series en Youtube (empezad con el “Arma Humana” dedicada al Krav Maga), no sin antes advertiros que al contrario de lo que suele suceder y con el fin de que la cosa coja un tufillo surrealista a lo Hanna Barbera, es mejor ver ambas series dobladas al mejicano que en su versión original.