Creedence Clearwater Revival
Feb 13, 2010 Country, Drogas, strippers
Cuando uno piensa en rock le viene a la lengua de Mick Jagger, la guitarra de Jimmi Hendrix, los ojos de David Bowie, la chupa de cuero de Lou Reed, los pantalones cortos de Angus Young, la coleta de Francis Rossi y para los gays horteras, el culo de Jon Bon Jovi.
Pero hay que reconocer una cosa: el rock no sería nada sin no hubiera existido los míticos Creedence Clearwater Revival. Puro Rock and Roll con ese toque Country que les hacía únicos.
Es uno de esos grupos que te retrotraen, con un simple acorde, a cuando la música era buena, cuando el rock era auténtico y no una industria de drogadictos sin talento. En esta época empezó a levantarse la industria del rock y de la música, donde el concepto original se empezó a perder y el rock quedó vetado como modo de vida, como modo de ser y se quedó simplemente -y ni más ni menos- en un modo de hacer dinero (y mucho). De drogadictos guitarreros con talento se pasó a drogadictos con un plan de marketing bajo el brazo.
Se empezó a dejar de expresarse de manera rockera, pues el rock no era tra cosa que un modo de expresión de las masas, hasta convertirse en un producto pútrido de una industria pútrida. Y en esas aún esamos. Y es como dijo Homer Simpson “el rock murió en 1974″, y que razón tenía. Y ahora un poco de Creedence Clearwater Revival. ¿A qué suenan bien?
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Navidad, asquerosa Navidad 3. Mandanga y uvas
Por fin han pasado las Navidades, estas fiestas entrañables que dan verdadero pavor al buen gusto tanto musical como estético. Sin embargo, hoy contaré algo que me ocurrió en estas fechas y que posiblemente cambió el rumbo de mi vida.
Después de una cena copiosa en un restaurante italiano de la Costa del Sol, junto con el gran IDT y unas uvas, viendo a un homosexual pretendidamente provocador y una paleta de extrarradio cocainómana en una tele al fondo del salón, bajé hacia un garito donde el camarero alternaba la preparación de chocolate de liar para todos sus clientes con caldo de pollo, solo para mujeres. Noche de fin de año y ganas de pasarlo bien por saber que estaba en un sitio exclusivo de pescadores porreros, dominicanas cincuentonas salidas y ucranianos de baja estofa. Nada de macrodiscotecas. Qué mejor ambiente que el de un puticlub de carretera pero sin ser un puticlub, es decir, copas baratas y mujeres que no hay que pagar. La atmósfera acompañaba. La mandanga se respiraba por todos lados.
Y ahí descubrí mi verdadero ser-ahí. Nada de rock, nada de música anglosajona, nada de Rolling Stones, incluso nada de Lou Reed. Mis raíces son españolas y me puse a palmear. Aquel garito andaluz hizo que la Niña Pastori me hiciese vibrar y que el Tijeritas me convirtiera en el rey de una pista de baile inexistente. Pero de repente un clic. Me ví cantando como loco Soy un perro callejero de Los Chunguitos. Posiblemente las más elevadas cotas de realismo sucio que jamás se hayan escrito en español. Frases como «soy un perro callejero, macho, vivo de casualidad», describiendo la vida en la cárcel, o «soy un perro callejero y me cago en tos tus muertos», calaron hondo en la audiencia, en IDT que aprovechaba para meter mano a una señora de 115 kilos, y en mí, que no paraba de pensar en cómo había desperdiciado mi vida escuchando los versos de Leonard Cohen.
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Zapatero, Bob Dylan y el Jefe Seattle
Dic 20, 2009 Drogas, Folk, Rock
«Seamos leales con nuestro pueblos, con nuestros compatriotas. Tenemos que lograr unir el mundo para salvar la tierra, nuestra tierra. Nuestra tierra, en la que viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiados ricos. La tierra no pertenece a nadie. Salvo al viento».
Así finalizó Zapatero su discurso a propósito del cambio climático en la cumbre de Copenhague. Y yo escuchándole, patidifuso ante una maestría oratoria que hubiera mantenido en su tartamudez al mismísimo Demóstenes, quise buscar las raíces de tan honda alocución.
Y cómo no, busqué en dos fuentes, porque yo, mísero de mi, no tengo muchas de búsqueda posible: 1) La música. 2) Las clases sobre el Jefe indio Seattle del profe fumado de turno que nos soltaba las peroratas en clase de filosofía y ética.
Solo un hombre así, con dos hijas góticas, además de adolescentes, era capaz de admirar tanto al Jefe Seattle.
Así que indagué en la obra bobdylaniana y aparte de admitir que su voz es un cruce entre un gato castrado y la del gran Georgie Dann, recordé algo de una canción del viejo Bob que decía algo del viento. Una tal Blowin’ in the Wind (Soplando en el viento) que decía algo así:
¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre
antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares tiene que surcar
la paloma blanca
antes de poder descansar en la arena?
Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar
las balas de cañón
antes de que sean prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío,
está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.
Como véis la metáfora zapateril del viento puede que venga de esta canción icono del folk y de la música protesta de los años 60. Lo que no me figuraba es que la figura de la paloma blanca, tan citada por todos nuestros músicos liberticidas, esto es, El Fary, Los Calis, Los Chunguitos, Los Chichos… también tuviera sus inicios en esta canción.
¿Qué decir del Jefe Seattle? Por lo visto, como nuestra querida Ana Rosa Quintana, y supongo que también el Zapa, su famosa carta al gobernador Isaac I. Stevens también fue creada por un «negro» y él solo se dedicó a transmitirla. Para citarle:
«El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados».
Sin duda, ZP también se dejó influir por el Jefe Seattle. Podéis leer todo el discuso que el jefe indio no escribió pulsando en este enlace y así veis las similitudes. Como vemos, rastreando la oratoria de nuestro presidente, se encuentran grandes referentes.
Y para finalizar la famosa canción en la que Georgie Dann canta a lo Bob Dylan:
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TOP TEN Drogas
Oct 4, 2009 Drogas
Viendo a Gallardón llorar por enésima vez, ahora por la pérdida de los JJOO, y a la hermana de nuestro campechano Rey decir que su hermano estaba trabajando muy duro por la candidatura de Madrid, levantándose, durante los últimos días, ni más ni menos que a las 8,30 de la mañana, uno se pregunta si lo mejor no es darse a las drogas. Si piensas hacerlo en breve o ya eres un drogadicto de pro, pero al mismo tiempo tu melomanía no se ve saciada, porque las canciones no hablan “de lo que tú sientes”, aquí, gracias a este blog y a un servidor descubrirás como 7 notas dan para mucho, y notarás como tus venas empiezan a palpitar y tu tabique nasal a sangrar de placer. Ahí va el TOP TEN DROGAS, que como en un buen mercaíllo tiene de todo, y de todo lo mejor:
10) Como no nombrar a un grupo que da nombre al subtítulo de este blog. The Rolling Stones. La canción Mother’s Little Helper. Aquí más de uno se pirra por las pastillas amarillas.
9) Ya sé que preferiríais la de Extremoduro, pero ésta es la original. ¿Cuántas veces no habéis dicho que os estáis quitando? Pues eso, Tabletom. Macarrada a ritmo de fusión. ¿Gipsy fusion?
¿Probablemente, primera canción de la historia que habla crudamente de la drogaína? The Velvet Underground, 1966, Heroin, donde un puesto Lou Reed afirma que la heroína es su vida y esposa. Frase que caló hondo en Don Benito, Badajoz, cuna de Los Chunguitos.
7) Yellow Submarine, una canción tan mala es imposible no hacerla bajo los efectos del ácido o de algo peor (¿Ringo Starr?). Para quien no lo sepa, es de The Beatles.
6) Empieza lo mejor, y si buscáis abajo no esperéis encontrar a Bob Marley porque este blog lo tiene vetado. Sumo, Heroína, tintes épicos para una droga poco épica, y un cierto, demasiado cierto, parecido a la música del ya citado Lou Reed.
5) Como siempre, los geniales Ska-P. La legalización como bandera de protesta. Los hombres de bien cada vez que escuchamos esto queremos que se ilegalice hasta la masturbación, por si acaso. Nunca se había reivindicado así el costo culero, “tron”.
4) Por fin alguien que nos cuenta la cara oscura de la drogaína. Los Chichos. Maldita droga, se empieza por un porro y se acaba robando televisiones con una carretilla. La filosofía del pueblo escrita en un pentagrama, apoyado éste sobre un teclado y éste sobre una cabra.
3) El minero admirador de José Antonio Primo de Rivera, el nacional-sindicalista de voz desgarrada, Víctor Manuel, nos narra este auténtico drama, donde una madre, ya sin salida, se carga a su hijo yonqui para que deje de darle el coñazo. Tremendo drama y tremenda canción. Para muchos, esta canción se merece el uno en este TOP, pero para mí no.
2) La mejor probablemente de la historia, si no fuera porque el autor de este blog sabe leer entre líneas y ha captado que la canción que ocupa el número 1 es toda una apología de la cocaína más cortada de todo el sur de Madrid. Pero hablemos de la que ahora nos ocupa. “Maschutesno, ni más cucharas impregnadas de heroína”. “Heroína, diablo vestido de ángel”. No hay nada más que decir, frases como estas hacen enormes a Los Calis.
1) Y la número UNO, una sorpresa para algunos, una evidencia para otros. La canción que nadie se atreve a denunciar como apologética del uso del turulo, pero que si escuchas entre líneas, o rayas, como quieras, lo deja claro. Ni más ni menos que Alejandro Sanz, Y si fuera ella. “Ella se desliza y me atropella”. Todo claro, Alejandro.
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